Limonada por favor

Ya teníamos un buen rato de no sentarnos a escribir y la lluvia combinado con el aburrimiento nos hicieron sentarnos en la terraza y soltarnos escribiendo.
Se me paso el mes y no escribí nada y después de la entrada un poco emo (como dicen mis amigos), vamos a contarles algo que paso en las vacaciones de agosto, ya que me fui de viaje un sábado con buenos amigos fotógrafos, y mire usted como cambian las cosas después de hablarlas y como se quita uno de las etiquetas que te ponen o que se dan producto de la primera impresión, y es que hasta ese día alguien que estaba en el viaje tenia el concepto de que era además de prepotente y altanero, un patán de primera y la peor persona que te podas imaginar.
De hecho esporádicas veces nos habíamos visto desde que nos presentaron hace aproximadamente unos 2 años o mas y la primera impresión no fue de todo buena, ya que esa era la imagen que tenia de mi, y solo habíamos estado con el hola y adiós si es que nos encontrábamos.
Pues resulta que o sorpresa Carlos esta en el viaje, y es amigo del organizador, así que toca aguantarlo pero la platica fue cordial ya que estando en el desayuno avanzamos del hola, para hablar cosas de fotografía, o otras trivialidades como que vas a pedir de comida, así pasamos hasta llegar al primer destino donde entre bromas y mas las platicas fueron pasando a mas temas y entre risas esa persona poco a poco cambiaba su forma de pensar.
Entrados en hambre y entre bromas y brisa marina en el puerto El Triunfo, todos ordenaron comida y se escucho de esa persona el ordenar una limonada, mientras sacaba su almuerzo preparado en casa, súper sano y nutritivo (esas comidas de las cuales no soy muy seguidor, ya que no las considero comida de verdad), y las platicas sobre alimentos nos hicieron darnos cuenta que tenemos similitudes en gustos y alergias a comidas y bebidas, mientras yo disfrutaba de una piña colada (sin alcohol, porque se iba a ver mal que solo yo tomando verdad), y de un churrasco, la bendita limonada jamás aparecía, ya entrados en calor mi plato había salido vacio y mi estomago deseaba beber algo y entre tragos de soda, la limonada seguía ausente, cuando al fin llego la limonada alguien dijo vámonos y después de tres tragos del jugo de limón, escuche el ofrecimiento exigente (notaran que las mujeres te ofrecen las cosas casi a punto de obligación cuando ya no desean seguir tomando o comiendo algo con tal que vos si lo hagas), que me tomara el resto de la limonada, yo la tome eso si pidiéndole que me ayudara en unas fotos como modelo.
Después al atardecer la limonada estaba haciendo efecto en ambos, ya que a ella le cambio la opinión que tenia de mí, y a mí pues simplemente me dio ganas de hacer pipi. Lo rescatable de todo es que la limonada, o el viaje nos hizo cambiar la opinión de ambos sobre cada uno, y eso sirvió para dejar abierta la ventana de hablar y compartir mas cosas, ya que muchas veces quedarnos con la primera impresión nos limita ver que tan buena o maldita puede ser una persona, ya saben los libros se juzgan por su contenido y no por su portada.

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